Si no quieres escribir una obra de teatro y te digo que este es un blog sobre dramaturgia, es muy probable que pienses que no es para ti. Y es normal: la palabra se asocia inmediatamente con la escritura teatral.
Pero hay otra dramaturgia, menos conocida, que tiene muchísimo que ver con la forma en que observamos el mundo.
Yo misma la descubrí en una clase de dirección, durante mis estudios de artes escénicas. Pero desde entonces, no sólo la he aplicado a montajes escénicos. También me ha acompañado en la creación de proyectos de mediación cultural, edición, planificación de eventos y, en general, en mi día a día.
Porque la dramaturgia está en cualquier sitio donde haya elementos en relación. Y es, precisamente, una herramienta para descubrir conexiones, entenderlas y ver qué historias se cuentan… o podrían contarse.
Puede ir mucho más allá de los escenarios. Pero para entenderla, necesariamente tenemos que echar un vistazo a la tradición teatral.
Dramaturgo vs. dramaturgista
Esta primera distinción es clave:
Un dramaturgo es alguien que escribe obras de teatro.
Un dramaturgista, en cambio, es alguien que analiza, organiza y acompaña el desarrollo de un proyecto (muchas veces teatral, pero no sólo). La misión del dramaturgista es que la historia se despliegue de la manera más coherente, potente y significativa posible, considerando tanto los elementos del proyecto como su público objetivo.
Un poco de historia: de Lessing a Brecht
La figura del dramaturgista no ha existido siempre. Y entender su origen ayuda mucho a comprender su naturaleza:
Lessing: cuando la dramaturgia empezó a unir teoría y práctica
En 1767 surgió la idea de crear en Hamburgo un teatro nacional acorde con las ideas de la Ilustración, que sirviera para mejorar los gustos y la sensibilidad moral de los ciudadanos alemanes. En un principio se quiso contratar a Gotthold Ephraim Lessing (autor, traductor, periodista y crítico teatral) como autor dramático residente. Pero Lessing renegoció su posición, concluyendo que se veía incapaz de generar textos dramáticos por encargo con la brillantez y rapidez que se le requería. Se propuso entonces a él mismo como crítico residente, dándose el título de dramaturg.
En vez de escribir obras por encargo, prefirió dedicarse a:
- analizar los textos que se representaban,
- orientar a actores y autores,
- y sobre todo, formar al público, enseñándole a interpretar lo que veía.
Sus comentarios se publicaban después de las funciones, es decir, analizaba trabajos ya finalizados. Sin embargo, su mirada no era “académica”: usaba el análisis para conectar práctica y teoría, para abrir preguntas y para convertir al espectador en alguien activo.
Por primera vez, la dramaturgia dejaba de ser sólo literatura: se convertía en un puente entre el escenario y el espectador.
Lessing plantó la semilla de la dramaturgia contemporánea, que décadas después ampliaría Bertolt Brecht.
Brecht: cuando el dramaturgista se convierte en una pieza clave del proceso creativo
El objetivo del teatro épico de Brecht era denotar que las acciones humanas están condicionadas por factores sociales y materiales, para que el espectador pudiera reflexionar sobre su propia realidad y su capacidad de cambiarla.
La recepción (cómo el público entiende, cuestiona y procesa lo que ve) era el corazón del proyecto brechtiano.
Por eso el dramaturgista se volvió imprescindible.
A diferencia de Lessing, que analizaba a posteriori, en Brecht el dramaturgista era:
- un colaborador activo en el proceso creativo,
- un impulsor del pensamiento crítico dentro del equipo,
- alguien que analizaba la obra en relación con el público concreto al que iba dirigida,
- y que trabajaba mano a mano con directores, actores y escenógrafos, vestuaristas e iluminadores para que cada decisión escénica provocara la lectura que se buscaba.
El dramaturgista pasó de ser un crítico externo a ser una figura que media entre la obra, el equipo y el público, uniendo escritura, puesta en escena y recepción en un mismo proceso.
Más allá del escenario: la mirada dramatúrgica
Esta visión del dramaturgista como un analista activo y mediador que se pregunta por el sentido y el impacto de una historia, es precisamente lo que permite extrapolar su función más allá de los límites del escenario. Porque la dramaturgia, antes que una técnica artística, es una forma de mirar profunda: para entender, para contextualizar y para abrir nuevas vías de pensamiento y/o acción.
Este blog es un espacio para quienes sienten curiosidad por las historias: las escénicas, las cotidianas, las que ni siquiera sabemos que estamos contando. Nuestro punto de partida es la tradición teatral, pero nuestro objetivo es aplicar la mirada dramatúrgica a cualquier ámbito de la creación y el análisis.
A lo largo de las próximas entradas, exploraremos en detalle:
- La historia y las facetas del dramaturgista: Profundizaremos en las distintas funciones que ha adoptado esta figura a lo largo de la historia y las diversas facetas que desempeña hoy.
- Herramientas de análisis: Detallaremos las herramientas concretas que utiliza el dramaturgista para desentrañar la estructura, el tema y el impacto potencial de cualquier historia o proyecto.
- Aplicaciones prácticas: Veremos ejemplos de cómo la dramaturgia se aplica en campos como el storytelling empresarial, el diseño de experiencias, la comunicación. También en el análisis de historias y textos complejos por el simple placer de la lectura profunda.
Además, encontrarás propuestas de ejercicios para desarrollar tu propia mirada dramatúrgica, empezando por algo sencillo que puedes hacer hoy mismo:
Elige una situación cotidiana cualquiera. No tiene que ser “interesante” ni excepcional: una espera, una conversación breve, una tarea cotidiana…
Ahora ponle un título, como si esa situación fuera una pieza escénica, un libro o una exposición.
No se trata de describir lo que ocurre, sino de leer la situación desde fuera y condensar su lógica interna en pocas palabras.
Evita títulos literales o narrativos (por ejemplo: “Conversación entre dos personas”).
Busca títulos que señalen una tensión, una contradicción o una función de lo que está ocurriendo.
Algunos ejemplos:
- Ensayo general de una decisión que no llegará
- Manual práctico para no escuchar
- Tiempo muerto con café
Después, pregúntate:
- ¿Por qué este título y no otro?
- ¿Qué pone en primer plano?
- ¿Qué deja fuera?
Este ejercicio no busca producir textos “bonitos”, sino entrenar una operación fundamental de la dramaturgia: pasar de la experiencia a la estructura, de lo que ocurre a cómo puede ser leído.
Nombrar es ya una forma de intervenir.
Y, si te animas, comparte por aquí qué historias pequeñas encontraste: me encantará leerlas.
Ojalá este espacio sea un lugar para detenerte, mirar con calma y encontrar conexiones y sentidos que antes pasaban desapercibidos.